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Experiencia de comunidad "La Storta"

En setiembre comenzó en La Huella, en una de las casas, una experiencia de vida comunitaria.

La propuesta tiene como origen dos grandes fuerzas. Por un lado, pretende tomar una experiencia comunitaria chilena “La Storta”, donde jóvenes viven una experiencia de comunidad, espiritualidad y apostolado intensa. Por otro lado no resulta casual que el lugar para dicha experiencia sea La Huella, que tiene origen en la experiencia comunitaria y vivencia del Evangelio. Todo esto constituye parte de un legado que nos llama de manera especial a comprometernos.

Somos 6 jóvenes de 22 a 24 años oriundos de Montevideo, que compartimos nuestras actividades de estudio, trabajo y voluntariados en los colegios Seminario e Isasa (de donde somos ex alumnos).

La experiencia invita a vivir fundamentalmente tres ejes. Por un lado el eje comunitario, donde el grupo compartió la casa, la convivencia, el acompañarse. Una experiencia donde vivimos muchas cosas desde lo más práctico como son las tareas domésticas, hasta lo más profundo de acompañarnos, compartir la fe y ser compañeros de camino.

El eje espiritual tiene que ver con vivir una experiencia de fe en el día a día, donde ahondamos en nuestro seguimiento de Jesús, teniendo reuniones semanales con una pauta que seguía el formato de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, sumado a pausas diarias para rezar el día.

Por último, el tercer eje tiene que ver con el apostolado, siendo vecinos del hogar, pasando mucho de nuestro tiempo con los chiquilines, disfrutando y creciendo juntos. Tuvimos la oportunidad de jugar, hacer deberes, estudiar, acompañar al médico, disfrutar de las fiestas finales y otros eventos, en definitiva fue compartir nuestras vidas cotidianas y acompañarnos desde ahí.

Antes de partir pasamos la Nochebuena juntos en el hogar, que sin duda fue uno de los días más especiales y lindos.

Ahora que la experiencia terminó y al mirar para atrás no podemos dejar de agradecer por lo que vivimos. Llegamos con muchas búsquedas personales y se nos abren incluso más preguntas ahora que nos vamos, pero tenemos la certeza de que esta experiencia nos tocó a los 6 de forma muy profunda y la relación con la Huella y con cada uno de los gurises es algo que no se va a romper.

Hemos sido testigos de mucho cariño y entrega entre los chiqulines, desde los educadores y demás adultos que los acompañan, en el Club de Niños, en el CAIF y en todos los que forman parte de La Huella, que los vemos en el día a día pasando, atentos, involucrados, trabajando, cada uno desde su lugar por las vidas de estos niños, lo que nos hace hablar de la Huella desde un lugar de esperanza, porque si bien hay realidades duras, difíciles, que nos interpelan y entristecen, también es un lugar donde el cariño, la atención y la unión nos resucitan la esperanza y la confianza de que otro mundo es posible. Desde principios de febrero está viviendo esta experiencia la segunda comunidad y nos llena de alegría ver que este proyecto nos trasciende y que hay otros jóvenes con ganas de vivirla. Nos queda agradecer mucho a la Huella por habernos hecho un lugar, confiar y dejarnos ser parte.